Dermatitis alérgica a la picadura de la pulga (DAPP)

Autores: L. Navarro*, M.T. Verde (Servicio de Diagnóstico Veterinario Dermatológico, Facultad de Veterinaria de Zaragoza, *Clínica Veterinaria Augusta. Zaragoza)

Etiopatogenia

La Dermatitis Alérgica a la Picadura de Pulgas (DAPP) es la enfermedad de origen alérgico que se presenta con más frecuencia en la consulta dermatológica de la clínica veterinaria.

La DAPP se define como una dermatitis papulocostrosa pruriginosa originada por la reacción de hipersensibilidad que manifiestan los animales cuando sufren la picadura de estos insectos.

La pulga responsable de esta dermatitis es, en la mayoría de las ocasiones, la pulga del gato: Ctenotephalides Felis. Los alérgenos implicados en este cuadro se encuentran principalmente en la saliva de la pulga, y son inoculados en el paciente cuando esta se alimenta. Los animales afectados pueden ser tanto caninos como felinos, que habitualmente no han sido expuestos a la picadura de la pulga con regularidad.

Algunos autores han observado que existen características del propio animal y del medio en el que vive, que influyen en la presentación de la hipersensibilidad a la picadura de pulgas.

Es importante resaltar que, numerosos estudios han demostrado que los individuos atópicos, presentan una sensibilidad a la picadura de la pulga, muy superior a la media de los individuos sanos. Este hallazgo otorga a la pulga un papel fundamental no solo en el control de síntomas de la DAPP, sino incluso en el de la propia Dermatitis Atópica.

Cuadro clínico

Suele afectar a individuos jóvenes (3-5 años), aunque puede aparecer en animales de cualquier edad. No existe predisposición por sexo ni raza.

En el perro, la DAPP se manifiesta como una dermatitis papular prurítica. Otras lesiones que podemos observar con frecuencia y que son secundarias al autotrauma por rascado, lamido y mordisqueado son: alopecia, escoriaciones, erosiones, pioderma aguda húmeda, costras, etc. En cuadros más crónicos, la liquenificación, acantosis, hiperqueratosis e hiperpigmentación.

Las localizaciones más frecuentes son la zona dorsolumbar, caudomedial de los muslos y base de la cola. No obstante, cada vez pierde más relevancia esta distribución característica en favor de cuadros menos “típicos”, como foliculitis recidivante, desordenes seborreicos, o incluso distribuciones típicas de atopia.

En el gato, la presentación más común es la alopecia autoinducida simétrica, la dermatitis miliar (papulocostrosa) y lesiones pertenecientes al complejo granuloma eosinofílico. Las lesiones se suelen localizar en el área dorsolumbar, zona caudomedial de muslos y abdomen y área ventral del cuello.

La estacionalidad de la DAPP depende mucho de la región geográfica a estudiar, aunque comúnmente experimenta un repunte en primavera y verano, nunca deberemos descartar una DAPP en cualquier otra época del año.

Diagnóstico

El diagnóstico diferencial debe incluir las patologías que tradicionalmente se encuadran dentro del diagnóstico diferencial del prurito:

  • Hipersensibilidad alimentaria (HA)
  • Sarna Sarcóptica
  • Cheyletiellosis
  • Dermatitis por Malassezia
  • Foliculitis bacteriana
  • Reacción adversa medicamentosa

En la mayoría de los casos el diagnóstico se basa en la historia clínica, cuadro clínico compatible y respuesta al tratamiento. La anamnesis es un punto clave en diagnóstico de la DAPP, un porcentaje muy alto de casos no se diagnostican adecuadamente por una anamnesis apresurada o poco exacta.

Es recomendable indagar sobre el hábitat, visitas a la peluquería o residencias caninas, exposiciones, vacaciones a la costa… Averiguar el tipo de control de pulgas que emplean habitualmente (producto, frecuencia y método de aplicación), la existencia de gatos callejeros en las inmediaciones del área de paseo del paciente, etc.

La evidencia de pulgas o de sus heces durante la exploración dermatológica, o la infestación por Dipylidium en el análisis coprológico son elementos a tomar muy en cuenta a título orientativo, pero nunca debe servir como  sistema  para descartar la DAPP como una posibilidad dentro de nuestro diagnóstico diferencial.

También es posible realizar pruebas “in vitro” de anticuerpos con un alto índice de fiabilidad o pruebas de intradermoreación con el alérgeno de pulga purificado, obteniéndose una reacción de tipo inmediato en el 70% de los casos y retardado en el 30% restante.

 Tratamiento

El mejor tratamiento es la evitación del alérgeno, es decir, administrar un control antiparasitario que impida que la pulga pique al animal alérgico. Para tratar el prurito se pueden administrar glucocorticoides asociados o no a ácidos grasos esenciales. Para el control de las complicaciones secundarias se pueden aplicar champús antisépticos, antiseborréicos o administrar antibióticos.

Control antiparasitario

A lo largo de varias décadas, los productos antiparasitarios que más se han utilizado han sido los organoclorados (lindano), organofosforados (clorpirifos, diazinon…), carbamatos y piretrinas/piretroides, comercializados en forma de collares, sprays, polvos y champús. Sin embargo, la aparición de resistencias y su potencial toxicidad tanto para los seres vivos como para el ambiente, ha hecho que su uso haya descendido e incluso que algunos hayan sido prohibidos en el mercado.

Los laboratorios han tratado de mejorar estos productos y de buscar nuevas moléculas, más seguras y eficaces para los mamíferos, y con menor persistencia en el medio.

La industria de los productos antiparasitarios se ha revolucionado en el transcurso de los últimos quince años. El conocimiento de la biología y del comportamiento de las pulgas ha permitido un gran avance en el desarrollo de distintas moléculas y la introducción de nuevas estrategias de control frente a estos insectos.

En esta línea, han aparecido dos nuevos conceptos: Estado de cero pulgas y lucha ambiental, que implican el empleo de sustancias adulticidas en combinación con productos que ataquen los estadios inmaduros de las pulgas, es decir, los huevos y larvas, de forma que el control de estos parásitos sea lo más exhaustivo posible.

Tratamiento sobre los animales afectados y congéneres

Actualmente no existe ningún producto antiparasitario con el 100% de eficacia en su acción durante todo su periodo de uso. El antiparasitario ideal para el control de la DAPP debería de cumplir una serie de premisas:

  • Coste moderado, ya que habitualmente será necesario su uso frecuente.
  • Baja toxicidad.
  • Rapidez y eficacia en su efecto.
  • Facilidad de aplicación.
  • Efecto residual, incluso tras el baño.

 

Importante llevar a cabo un tratamiento tópico y/o tratamiento sistémico y muy importante el tratamiento sobre el entorno.

 

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